Síndrome de Down… un síndrome de amor

Posted on mayo 13, 2008 por

1


Por: Ariela Ostrosky

“Mi  nombre es Oliver Weinstein, y tengo Sindrome de Down.”
Así es como mi tío Oliver se presenta cada vez que va a dar una entrevista.

La vida se presenta de distintas maneras a cada ser humano. En este caso no hablaré de hombres o mujeres comunes o corrientes, hablaré de personas que han llegado a este mundo a enseñarnos a vivir, a valorar, a crecer, a salir adelante y sobre todo a “sentir”.

En realidad la que elabora esta historia soy yo. Ariela Ostrosky, sobrina de Oliver.

Mis ganas por escribir acerca de este tema eran tremendas aunque también me producía un cierto nervio, o más bien cierto miedo a abrir la vida de mi tío que tanto amo y admiro.  Y tengo que decirlo, lo que más me impulsó a hacer este reportaje eran las ganas de Oliver de que hable de él, de su historia, del Sindrome de Down y de que su historia salga en internet.

Hace 33 años un angelito llegó a este mundo. Mi abuelita esperaba con ansias y lágrimas de alegría a este bebé. Al nacer cae la sorpresa de que este nene es distinto a los otros bebés: tenía Sindrome de Down.

Una noticia difícil y un dolor incomparable. La larga espera de 9 meses terminaba y resulta que el bebé no iba a poder ser una persona “normal”. No iba a poder ir a una escuela común y corriente; quizás no podria tener novias, viajar con sus cuates, casarse y hacer una familia. Ese bebé y su familia tendrían el reto de encontrar las GANAS DE VIVIR  día con día.  Siguieron tiempos de muchas terapias, doctores, ayudantes, y lo más importante, de mucha “paciencia”.

Ahora Oliver es un hombre, un orgullo de la familia y de México. Trabaja, es independiente y le gustaría ser mas libre, pero dadas las circunstancias de esta ciudad todavía tiene que estar vigilado.
Oliver es un ser entregado que lo único que pide es ser independiente. Y esto yo lo veo como la capacidad de querer ser como los demás.

Yo me pregunto ¿Cómo la gente que es “normal”, no aspira a la independencia?

Mis experiencias con respecto a Oliver en cuanto a la sociedad, han sido muy diversas, y no puedo olvidar el día que lo acompañé a León, Guanajuato donde recorrió parte de la repúlblica en la semana de la “Discapacidad”, y su testimonio era la prueba de que SI SE PUEDE salir adelante aún teniendo alguna discapacidad. Oliver agarraba el micrófono y siendo un gran orador empezaba diciendo: “Me llamo Oliver Weinstein, tengo los ojos rasgados y nací con Síndrome de Down”.

A quienes lo acompañamos nos habló de un gran trabajo que tuvo en Israel; de un curso de Foyerstein, para cuidar a personas de la tercera edad. Después que nos explicaba esto había una sesión de preguntas y respuestas. La gente no podia entender cómo Oliver estaba tan adaptado a la vida, a la sociedad, a la comunidad; pero algo que no podré olvidar fue cuando una persona del público, un invidente, se paró para afirmar lo siguiente: “Oliver, tú no tienes Sindrome de Down, tu tienes SINDROME DE AMOR”.
Las trecientas personas que estábamos involucradas en este testimonio, aplaudimos y lloramos, con un sentimiento de que “sí se puede”.  Oliver, como un gran actor, como el gran ser humano que és, recibió el aplauso feliz de la vida.

Yo en ese momento me pregunté, ¿Tan cerca está la felicidad de nosotros y pasamos junto a ellas y no la percibimos?

Todas las horas dedicadas para Oliver, terapia de lenguaje, terapia de movimiento, todo el amor y la entega de su mamá y familia, son un gran ejemplo de lo que la gente con capacidades diferentes necesita.

Otra de las preguntas en León, fue de una señora que dijo: ¿Sí se necesita mucho dinero para llegar a que mi hijo sea como Oliver? De alguna manera se necesita dinero para las terapias, etc… pero lo primordial es la entrega del amor y la fe que tenemos que tener en ellos para la aceptación de esta sociedad.

En fin yo, al conocer a Oliver y tomar conciencia de esta oportunidad que me brindó la vida, tuve chance de valorar la vida misma, el respetar a los demás, el saber escuchar a todo tipo de gente, sin ser clasista, ni racista. Me dí cuenta de que  la diferencia en vez de separar y rechazar “enriquece”.

La gente que no vive con alguien con Sindrome de Down no sabe lo grandes que pueden llegar a ser, y el amor que pueden darle a tu vida.

Ver nota relacionada

Advertisement
Posted in: Ariela Ostrosky